La mente en la apnea profunda

Hoy voy a entrenar apnea profunda y a intentar un nuevo récord personal. Desayuno algo de fruta y me voy con mis compañeros al Blue Hole.

Mientras nos cambiamos, comentamos lo que vamos a hacer hoy en el agua. Mi idea es mejorar en unos pocos metros mi actual marca personal. Ellos están de acuerdo, han visto mi progresión y creen que mi plan es coherente.

Durante los pasados días realicé varias inmersiones a mi actual mejor marca y todas ellas se completaron sin incidentes. Al alcanzar la superficie mi lucidez era total y me sentía bien físicamente. Las piernas se me cansan un poco en los últimos metros, pero es algo soportable, todavía no están al límite.

apnea en el Blue Hole

Es el momento de mi primera apnea de calentamiento. Bajo lentamente por el cabo, impulsándome con las manos. Es como una bajada en inmersión libre, pero con las aletas puestas y a un ritmo mucho menor. Compruebo como funciona mi compensación y mis sensaciones en general. Todo está bien. Me paro a la profundidad que lo hago siempre y me quedo suspendido boca abajo en la cuerda. No pienso en nada, sólo me centro en disfrutar del silencio. Toco el cabo para sentir su tacto. No tengo los ojos cerrados, pero tengo la mirada perdida en el azul.

No se cuanto tiempo pasa, no me importa, estoy relajado y no pienso en nada. Suelto mis rodillas de la cuerda y poco a poco voy cayendo hasta quedarme cabeza arriba. Unos segundos más tarde siento como llega la primera contracción diafragmática. “¿Cuánto tiempo ha pasado? Esto está siendo más corto de lo habitual. Quizás no estoy en condiciones de hacer esta apnea profunda hoy.”

Vuelvo a la superficie subiendo por la cuerda, despacio. Aparto estos pensamientos negativos de mi cabeza. Salgo a la superficie y me agarro a la boya, hago mi respiración de recuperación y le doy el OK a mi compañera. Voy a hacer el segundo calentamiento, como siempre, y según como me sienta ya veré si hago la apnea profunda o no.

apneistadurante un warm up

Foto: Elen César

Tras descansar en superficie vigilando a mis compañeros, me preparo para mi segundo warm up. Sigo el mismo procedimiento que en el anterior, aunque voy un poco más profundo, como suelo hacer siempre. Vuelvo a quedarme colgando boca abajo y disfruto de esa sensación de abandono. Cambio mi postura y permanezco suspendido de un brazo. Llegan las contracciones y aguanto un poco más.

Comienzo el ascenso, muy lento, sintiendo como mis ganas de respirar van aumentando. “No creo que pueda hacer esta apnea profunda hoy. No estoy preparado. Este calentamiento está siendo muy corto. Debería volver a la superficie ya. Voy a subir, decir que tengo problemas para compensar y cancelar el intento.” A pesar de que mis pensamientos están siendo bastante negativos, mantengo el control.

Continúo ascendiendo a ritmo lento e intento que esos pensamientos no afecten mi inmersión. No me centro en ninguno de ellos, los dejo pasar por mi mente, pero sin pararme a analizarlos. Yo soy el cielo y mis pensamientos, nubes. El cielo no agarra las nubes y se aferra a ellas, las mira y las deja pasar.”

Al salir a la superficie estoy perfectamente y totalmente lúcido. Doy el OK e intento olvidarme de mis dudas. Mi ordenador me muestra que los tiempos de los warm ups están dentro de los tiempos que hago normalmente. No noto ningún malestar físico, mi cuerpo está perfectamente. Estoy entrenando a menudo, comiendo bien y descansando. Hice varias apneas a cotas similares a la que voy a probar hoy. Mi mouthfill está funcionando bien en mis entrenamientos en FRC y aún tengo aire disponible cuando acabo las apneas a mi actual cota. Esta nueva marca sólo van a ser unos pocos segundos más de caída libre y unos pocos segundos más de ascenso. Mi cuerpo está preparado para esto.

apneista boca abajo

Foto: Elen César

La única razón por la que no quiero hacer esta apnea profunda es por miedo. ¿Pero miedo a qué? ¿A no conseguirlo? ¿A sufrir un accidente? Mi cuerpo está preparado para hacer este buceo, y los compañeros que me van a dar asistencia están perfectamente entrenados para hacerlo. Las condiciones climatológicas son buenas y el material del que disponemos está en buen estado.

Es un miedo estúpido, irracional e infundado como el que tiene un niño pequeño a la oscuridad. Se que si decido no bucear hoy voy a estar alimentando mi miedo y quizás mañana, esta misma inmersión sea más difícil. Dejo pasar este pensamiento y me preparo para mi tercer calentamiento mientras vigilo de nuevo a mis compañeros desde la superficie.

Mi tercer warm up es una inmersión en FRC. Mi intención no es ir profundo, la razón de este tercer calentamiento es comprobar como funciona mi mouthfill. Todo va como la seda, me freno en la cuerda cuando aún tengo aire en la boca y asciendo aleteando lentamente. Se que no es lo más aconsejable usar las piernas antes de una máxima en peso constante, pero ni estoy a mucha profundidad ni voy a un ritmo alto.

De nuevo, todo perfecto en superficie. Respiración de recuperación, OK y me preparo para mi apnea profunda. Me relajo agarrado al cabo de superficie. Siento mi cuerpo flotando, miro las medusas y lo que hace la gente en las otras boyas. “El momento no es mañana ni más tarde. El momento es ahora y yo estoy preparado”.

apnea profunda

Foto: Elen César

Me relajo y pienso en lo afortunado que soy de poder estar hoy en el agua con mis amigos. Pienso en que el que deja las cosas para mañana, puede perder la oportunidad sin darse cuenta. ¿Quién sabe lo que pasará mañana? Además, si me fuese a casa sin hacer esta apnea profunda, me sentiría bastante mal conmigo mismo, ya que no hay ninguna razón para no hacerla.

Le digo a mis compañeros que voy a empezar mi ventilación. Floto boca abajo agarrado a la boya, respirando por el snorkel y todo a mi alrededor desaparece. Inspiro… uffff. Expiro Uffffff. “Voy a bajar y coger un buen mouthfill”. Sigo respirando, centrándome sólo en la propia respiración. Cuando mi mente se pone juguetona y amenaza con traerme cosas que no necesito, simplemente me recuerdo el siguiente paso y me visualizo cogiendo un mouthfill todo lo grande que puedo.

Llega el momento de la inspiración final. Suelto el tubo y cambio mi postura en la boya. Empiezo el golpe de riñón, pensando sólo en el movimiento que estoy haciendo. Brazada, mano a la nariz y comienzo a aletear. Mi mente está puesta en mis piernas y en mi aleteo. Siento mis piernas moviéndose, se que estoy manteniendo el ritmo correcto, pero no cuento las patadas que doy. Esas cosas me desconcentran y me crean ansiedad.

Escucho mi primera alarma, paro de aletear y me coloco en posición de caída libre. Escucho la segunda, hago el mouthfill. Grande, como lo estaba visualizando en superficie, sellando los labios con mis dedos.

Mi postura es buena, el mouthfill está funcionando. Siento la velocidad aumentando. Me encanta esta sensación. Aparto el pulgar de mi nariz un segundo para compensar la máscara. Y el mouthfill sigue funcionando a la perfección. Cada vez voy más rápido. “Soy una flecha”. Puedo escuchar el sonido de mi cuerpo rozándose contra el agua. A veces cierro los ojos. A veces los mantengo abiertos con la mirada perdida. Veo como la luz disminuye, aunque no pienso en lo que eso significa.

Suena mi tercera alarma. Estoy cerca del final de la bajada. Flexiono mi brazo izquierdo, con el codo cerca del pecho. La palma de la mano un poco sobre mi cabeza y los dedos alrededor de la cuerda. Toco la pelota de tenis, me freno, mi cuerpo cae, cambio la posición de la mano y me apoyo en el cabo para iniciar el ascenso.

apneista ascendiendo

Foto: Elen César

Mantengo la mirada al frente, sin empujar la cabeza hacia arriba o hacia abajo y aleteo. Una pierna, la otra, una pierna, la otra. Si mi mente intenta hablarme, repito para mis adentros “dream” al dar la patada con una pierna, “dive” al darla con la otra. Sonrío. “Dream dive, dream dive, dream dive…”.

Mis piernas empiezan a estar un poco cansadas. “¿Dónde está mi safety? Shh, calla. Dream dive, dream dive…”

Mi compañero aparece, nos miramos a los ojos unos instantes, aunque después los aparto. Se que en condiciones normales mi técnica de aleteo no es perfecta, pero en este punto de la inmersión, debe ser mala de narices. “Vamos, esto ya está hecho. Un par de aleteadas más. Dream dive, dream dive…”

Siento la flotabilidad positiva empujándome. Paro de aletear y me dejo llevar.

Rompo la superficie. Estoy contento. Me agarro a la boya y hago la respiración de recuperación. Miro a mi compañero y le doy el OK. La inmersión fue fácil y placentera. Un dream dive en toda regla. Chocamos las manos y soltamos algún grito para celebrarlo. Me felicitan.

Yo también me felicito, pero no por el nuevo número en mi reloj, sino por haber sido capaz de mantener el control en una situación en la que mi mente me la quería jugar. He luchado contra mí mismo y he redefinido mis límites.

Cuando tengas dudas, observa tu preparación y tu trayectoria y no dejes que un sentimiento negativo e irracional te frene.

Y tú, ¿en qué piensas antes y mientras haces apnea profunda? ¿La mente también intenta jugarte malas pasadas? ¿Qué haces para mantenerla bajo control?
¡Cuéntamelo!

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